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La Galería Hilario Galguera - Madrid se complace en presentar Vivisystem, una exposición del artista británico Mat Collishaw que explora la intersección entre biología, tecnología y arte. Inspirándose en la manera en que los sistemas vivos y los artificiales se entrelazan y evolucionan juntos, Collishaw nos sumerge en un universo visual inquietante y provocador. A través de pinturas, tapices y esculturas animatrónicas, el artista investiga la integración entre la naturaleza y la máquina en un mundo donde la inteligencia artificial replica estructuras biológicas, Vivisystem plantea preguntas esenciales sobre el presente y el futuro de nuestra relación con la vida misma.
La Galería Hilario Galguera - Madrid se complace en presentar Vivisystem, una exposición del artista británico Mat Collishaw que explora la intersección entre biología, tecnología y arte. Inspirándose en la manera en que los sistemas vivos y los artificiales se entrelazan y evolucionan juntos, Collishaw nos sumerge en un universo visual inquietante y provocador. A través de pinturas, tapices y esculturas animatrónicas, el artista investiga la integración entre la naturaleza y la máquina en un mundo donde la inteligencia artificial replica estructuras biológicas, Vivisystem plantea preguntas esenciales sobre el presente y el futuro de nuestra relación con la vida misma.
Galería Hilario Galguera Madrid is pleased to present Vivisystem, an exhibition by British artist Mat Collishaw that explores the intersection between biology, technology and art. Inspired by the way living and artificial systems intertwine and evolve together, Collishaw immerses us in an unsettling and provocative visual universe. Through paintings, tapestries and animatronic sculptures, the artist investigates the integration between nature and machine in a world where artificial intelligence replicates biological structures, Vivisystem raises essential questions about the present and future of our relationship with life itself.
Mat Collishaw es uno de los artistas más significativos y convincentes del arte británico contemporáneo. Con una temprana formación en el Goldsmiths College, Collishaw formó parte del legendario movimiento de Jóvenes Artistas Británicos. Fue uno de los 16 jóvenes artistas que participaron en la seminal exposición Freeze organizada por Damien Hirst en 1988, así como en la provocadora muestra Sensation de 1997.
A lo largo de sus 30 años de carrera, Collishaw ha contemplado la naturaleza del subconsciente humano y explorado formas de influir en él a través de diversos medios. Mediante ilusiones ópticas, pinturas, proyecciones y esculturas en movimiento, el artista crea obras y escenarios que involucran directa e inconscientemente a sus espectadores. Las obras nos incitan a reflexionar sobre cuestiones fundamentales de psicología, historia, sociología y ciencia. Detrás de la riqueza y el atractivo visual de cada obra hay una profunda exploración de cómo percibimos y nos vemos influidos por el mundo actual a través de las imágenes y la tecnología moderna. Cuestiones como la manipulación del comportamiento, la programación o la realidad temporal perduran en la experiencia visual.
Mat Collishaw es uno de los artistas más significativos y convincentes del arte británico contemporáneo. Con una temprana formación en el Goldsmiths College, Collishaw formó parte del legendario movimiento de Jóvenes Artistas Británicos. Fue uno de los 16 jóvenes artistas que participaron en la seminal exposición Freeze organizada por Damien Hirst en 1988, así como en la provocadora muestra Sensation de 1997.
A lo largo de sus 30 años de carrera, Collishaw ha contemplado la naturaleza del subconsciente humano y explorado formas de influir en él a través de diversos medios. Mediante ilusiones ópticas, pinturas, proyecciones y esculturas en movimiento, el artista crea obras y escenarios que involucran directa e inconscientemente a sus espectadores. Las obras nos incitan a reflexionar sobre cuestiones fundamentales de psicología, historia, sociología y ciencia. Detrás de la riqueza y el atractivo visual de cada obra hay una profunda exploración de cómo percibimos y nos vemos influidos por el mundo actual a través de las imágenes y la tecnología moderna. Cuestiones como la manipulación del comportamiento, la programación o la realidad temporal perduran en la experiencia visual.
Mat Collishaw is one of the most significant and compelling artists in contemporary British art. With an early foundation at Goldsmiths College, Collishaw formed part of the legendary movement of Young British Artists. He was one of 16 young artists who participated in the seminal Freeze exhibition organised by Damien Hirst in 1988 as well as the provocative Sensation show of 1997.
Throughout his 30-year career, Collishaw has contemplated the nature of the human subconscious and explored ways to influence it through various media. Through optical illusions, paintings, projections and moving sculptures, the artist creates works and scenarios that directly and unconsciously engage their viewers. The works encourage us to think about fundamental questions of psychology, history, sociology and science. Behind the richness and visual appeal of each work there is a deep exploration of how we perceive and are influenced by the world today through images, and modern technology. Questions regarding behavioural manipulation, programming, temporal reality all linger in the viewing experience.
“…La naturaleza siempre ha cedido su cuerpo a los humanos.
Primero, tomamos sus materiales como comida, fibras y refugio.
Después aprendimos a extraer materias primas de su biosfera para crear nuestros propios materiales
sintéticos. Ahora la bios nos està cediendo su mente - estamos tomando su lógica…”
Fuera de control: La nueva biología de las máquinas, los sistemas sociales y el mundo económico.
Kevin Kelly
¿Qué ocurre cuando los sistemas artificiales comienzan a emular el mundo natural, reflejando las matemáticas perfectas que se encuentran en la biología, como los fractales y la secuencia Fibonacci? Las obras en Vivisystems exploran la interdependencia que marca la convergencia entre la tecnología y la biología, asi como las formas en las que pueden evolucionar constantemente. El término vivisistema fue concebido por el escritor estadounidense Kevin Kelly para describir el fenómeno en el que las máquinas imitan cada vez más los patrones biológicos, mientras que los procesos de pensamiento humano se vuelven más mecanizados, creando un complejo circuito de retroalimentación. Los vivisistemas están por todas partes: las complejas rutas de datos de la I.A y el Internet podría compararse con las conexiones neuronales del cerebro humano, de igual forma que las redes fúngicas entre las raíces pueden imaginarse como módems orgánicos, canalizando información entre los árboles del bosque, punto de datos tras punto de datos.
A lo largo de las pinturas y tapices de Mat Collishaw, una serie de arreglos florales evoca la estética de las pinturas de flores de los antiguos maestros holandeses. Sin embargo, una inspección más cercana revela una escena perturbante: escarabajos muertos dispersos como memento mori con forma de bala y flores que son metamorfosis de insectos. Aparecen mariposas fusionadas con las plantas en una pesadilla viviseccional. Los colores derivan hacia azules antinaturalmente intensos, y los tulipanes cerrados sugieren formas pálidas de insectos cavernícolas y carne humana. Las configuraciones parecen infinitas, oscilando entre lo profano y lo sublime. De manera similar, el ciervo animatrónico de Collishaw, Insilico, es “traído a la vida” mediante una transmisión en vivo en línea, reaccionando a la intensidad del abuso dirigido a individuos seleccionados en X (antes Twitter), como si recibiera una dosis intravenosa de datos.
Los datos son otro elemento clave en estas nuevas obras. Tejidos en un telar de Jacquard, los tapices de Collishaw combinan uno de los primeros procesos industriales con uno de los más avanzados: las tarjetas perforadas utilizadas para automatizar los patrones de tejido sirvieron de inspiración para Ada Lovelace y Charles Babbage en su trabajo pionero en la programación informática. Desde esta perspectiva, se podría argumentar que estos tapices Jacquard del siglo XIX fueron las primeras imágenes digitales del mundo, ya que cada patrón en la tarjeta corresponde a un lazo individual de hilo en el tejido: un píxel.
A diferencia de las pinturas de tamaño más tradicional, los tapices de Collishaw se imponen con una escala monumental, haciendo que los arreglos florales crezcan hasta alcanzar un tamaño inquietantemente humano. Su apariencia carnosa resulta aún más perturbadora, como si se estuviera observando cuerpos flácidos flotando en las vitrinas de algún laboratorio clandestino de muestreo genético.
A medida que la biología y la tecnología avanzan hacia una colisión inevitable, la ética también tambalea, intentando encontrar un punto de apoyo en medio de la imparable experimentación. El memento mori de Collishaw nos lanza una advertencia contundente: solo porque podemos, ¿deberíamos? Cuidado, porque la ambición humana es imperfecta. ¿Qué podría desatar toda esta experimentación? Al reflexionar, quizás la luz brillante que ilumina estas flores no sea la clara y serena luz del día de una apacible mañana del siglo XVII, sino el resplandor frío y clínico de un laboratorio. ¿Estamos contemplando los brillantes frutos de una nueva utopía o los corruptos heraldos de la marea ensangrentada de Yeats, alguna bestia torva que avanza pesadamente hacia Belén para nacer?
“…La naturaleza siempre ha cedido su cuerpo a los humanos.
Primero, tomamos sus materiales como comida, fibras y refugio.
Después aprendimos a extraer materias primas de su biosfera para crear nuestros propios materiales
sintéticos. Ahora la bios nos està cediendo su mente - estamos tomando su lógica…”
Fuera de control: La nueva biología de las máquinas, los sistemas sociales y el mundo económico.
Kevin Kelly
¿Qué ocurre cuando los sistemas artificiales comienzan a emular el mundo natural, reflejando las matemáticas perfectas que se encuentran en la biología, como los fractales y la secuencia Fibonacci? Las obras en Vivisystems exploran la interdependencia que marca la convergencia entre la tecnología y la biología, asi como las formas en las que pueden evolucionar constantemente. El término vivisistema fue concebido por el escritor estadounidense Kevin Kelly para describir el fenómeno en el que las máquinas imitan cada vez más los patrones biológicos, mientras que los procesos de pensamiento humano se vuelven más mecanizados, creando un complejo circuito de retroalimentación. Los vivisistemas están por todas partes: las complejas rutas de datos de la I.A y el Internet podría compararse con las conexiones neuronales del cerebro humano, de igual forma que las redes fúngicas entre las raíces pueden imaginarse como módems orgánicos, canalizando información entre los árboles del bosque, punto de datos tras punto de datos.
A lo largo de las pinturas y tapices de Mat Collishaw, una serie de arreglos florales evoca la estética de las pinturas de flores de los antiguos maestros holandeses. Sin embargo, una inspección más cercana revela una escena perturbante: escarabajos muertos dispersos como memento mori con forma de bala y flores que son metamorfosis de insectos. Aparecen mariposas fusionadas con las plantas en una pesadilla viviseccional. Los colores derivan hacia azules antinaturalmente intensos, y los tulipanes cerrados sugieren formas pálidas de insectos cavernícolas y carne humana. Las configuraciones parecen infinitas, oscilando entre lo profano y lo sublime. De manera similar, el ciervo animatrónico de Collishaw, Insilico, es “traído a la vida” mediante una transmisión en vivo en línea, reaccionando a la intensidad del abuso dirigido a individuos seleccionados en X (antes Twitter), como si recibiera una dosis intravenosa de datos.
Los datos son otro elemento clave en estas nuevas obras. Tejidos en un telar de Jacquard, los tapices de Collishaw combinan uno de los primeros procesos industriales con uno de los más avanzados: las tarjetas perforadas utilizadas para automatizar los patrones de tejido sirvieron de inspiración para Ada Lovelace y Charles Babbage en su trabajo pionero en la programación informática. Desde esta perspectiva, se podría argumentar que estos tapices Jacquard del siglo XIX fueron las primeras imágenes digitales del mundo, ya que cada patrón en la tarjeta corresponde a un lazo individual de hilo en el tejido: un píxel.
A diferencia de las pinturas de tamaño más tradicional, los tapices de Collishaw se imponen con una escala monumental, haciendo que los arreglos florales crezcan hasta alcanzar un tamaño inquietantemente humano. Su apariencia carnosa resulta aún más perturbadora, como si se estuviera observando cuerpos flácidos flotando en las vitrinas de algún laboratorio clandestino de muestreo genético.
A medida que la biología y la tecnología avanzan hacia una colisión inevitable, la ética también tambalea, intentando encontrar un punto de apoyo en medio de la imparable experimentación. El memento mori de Collishaw nos lanza una advertencia contundente: solo porque podemos, ¿deberíamos? Cuidado, porque la ambición humana es imperfecta. ¿Qué podría desatar toda esta experimentación? Al reflexionar, quizás la luz brillante que ilumina estas flores no sea la clara y serena luz del día de una apacible mañana del siglo XVII, sino el resplandor frío y clínico de un laboratorio. ¿Estamos contemplando los brillantes frutos de una nueva utopía o los corruptos heraldos de la marea ensangrentada de Yeats, alguna bestia torva que avanza pesadamente hacia Belén para nacer?
“…Nature has all along yielded her flesh to humans.
First, we took nature’s materials as food, fibres and shelter.
Then we learned to extract raw materials from her biosphere to create our own
synthetic materials. Now bios is yielding us her mind - we are taking her logic…”
Out of Control: The New Biology of Machines, Social Systems and the Economic World.
Kevin Kelly
What occurs when artificial systems begin to emulate the natural world, mirroring the flawless mathematics found in biology, such as fractals and Fibonacci sequences? The artworks in Vivisystems explore the interdependence that marks the convergence of technology and biology and the ways in which they can continuously evolve. The term vivisystem was coined by American writer Kevin Kelly to describe the phenomenon where machines increasingly mimic biological patterns, while human thought processes become more mechanised, creating a complex feedback loop. Vivisystems are all around us: the complex data pathways of AI and the Internet could be likened to the neural pathways of the human brain, just as we picture the fungal pathways between roots as organic modems, channelling information between trees in a forest one data point at a time.
Across Mat Collishaw’s paintings and tapestries, a series of floral arrangements presents a vision reminiscent of Old Dutch Master flower paintings. However, closer inspection reveals a nightmarish warping – dead beetles scattered like bullet-shaped memento mori, and flowers that are metamorphoses of insects. Butterflies appear fused into the plants in a vivisectional nightmare. Colours veer into unnatural vivid blues, and unopened tulips suggest pale forms of cave-dwelling insects and human flesh. The configurations seem endless, balancing between the profane and the sublime. Similarly, Collishaw’s animatronic stag, Insilico, is brought to life via a live online feed, whereby it reacts to the intensity of abuse directed to selected individuals on Twitter (now X), an intravenous dose of data.
Data is another key element in these new works – printed on a Jacquard loom, Collishaw’s tapestries combine one of the earliest industrial processes with one of the most advanced: the punch cards used to automate weaving patterns would inspire Ada Lovelace and Charles Babbage in their pioneering work in computer programming. In this light, one could argue that these Jacquard tapestries of the early 1800s were the world’s first digital images, as each pattern on the card corresponds to an individual loop of yarn in the weave: a pixel.
Unlike the more traditionally-sized paintings, Collishaw’s tapestries loom large and the floral arrangements swell in size until they are uncomfortably human-sized, their flesh-like appearance all the more disconcerting, as if one were looking at flaccid bodies floating in the vitrines of some illicit gene-sampling laboratory.
As biology and technology continue on their crash collision course, so too the ethics slip and slide, trying to find a foothold amongst the relentless experimentation. Collishaw’s memento mori offer a stark warning: just because we can, should we? Beware, for human aspiration is flawed. What might all this experimentation unleash? Upon reflection, perhaps the bright light illuminating these flowers isn’t the clear, calm daylight of a halcyon 17th century morning, but rather the harsh white light of a laboratory. Are we looking at the shiny fruits of a new Utopia, or the corrupt harbingers of Yeats’ blooddimmed tide, some rough beast slouching off to Bethlehem to be born?
Insilico